Mirada atrás, #microrelato

Sé que no volveré a verte, sé que solo fue un instante fugaz, 5 o 10 segundos, pero ese momento fue especial e irrepetible.

Gracias,  gracias por esa mirada, es complicado conectar así en tan poco tiempo, pero cuando se funde la eternidad y la imaginación la sensación generada es única.

Sólo he conocido tus ojos verdes, dulces, compasivos, amables, agradecidos, simpáticos, profundos, inteligentes, únicos.

Se me cayó el estomago a los pies, volvió a subir a su sitio, se dio la vuelta y tomo su forma original, como ya te dije, gracias, han sido los segundos más vehementes en mucho tiempo.

Nunca imaginé que una parada en un semáforo pudiera ser tan intensa, desde aquel día busco tu mirada en los espejos de los coches, no la encuentro, la recuerdo,  aquel instante me agrada y me cautiva.


Te soñé

Un día te soñé.



En aquel sueño visitaba una ciudad con tu nombre,  nunca pensé que mi viaje acabará aquí. No te equivoques este no es el final, es un nuevo viaje estando acompañado.

Se me quitaron las ganas de volver a viajar solo, quiero que me enseñes todo, todo tú todo.

Ahora sé que no llegué por casualidad a aquella ciudad, nunca me sentí perdido.

Aquí sigo, sintiendo explotar palomitas en el estomago cada vez que la ciudad respira, cada movimiento, cada temblor, cada cambio de dirección, los semáforos se detienen, me dejan pasear por todas las calles, se abren las puertas de las casas.

Me invade una sensación desconocida, sólo quiero avanzar y descubrir nuevos rincones.

Sentir como vive la ciudad, he descubierto que me hace feliz.


La distancia

La distancia me mata.



Me gustaría poder convertirme en aire, viajar hasta tu ventana, colarme furtivamente por debajo del quicio, reconocer tu habitación, subir por las patas de tu cama, deslizarme por debajo de tus sábanas hasta tus pies.
Acariciar suavemente cada rincón, cada recoveco, todos los pliegues y comisuras de tu piel, llegar hasta tus oídos y susurrarte que te quiero.


Sólo su cara

Carmelo llevaba un tiempo con conflictos en casa, no sabía muy bien cual era el problema pero la situación cada día era más insostenible, si intentaba que la relación funcionara era por su hija de 3 años, no quería que pasara por la situación estresante que el vivió con la separación de sus padres cuando el tuvo 5 años.

Carmelo encontró una vía de escape en Internet, empezó a escribir en foros sobre una de sus pasiones el deporte, cada entrenamiento, cada competición a la que asistía la plasmaba en aquella web. Por un tiempo los conflictos se calmaron, pero a medida que él iba siendo más conocido en las redes y pasaba más tiempo inmerso en su pantalla, menos tiempo pasaba con su familia. Aquella nueva situación reavivó el fuego de los gritos y peleas.

Un día, Carmelo conoció a Elisa en un grupo de Facebook,  conectaron al instante, tenían las mismas aficiones, casi los mismos gustos, las charlas se alargaban durante todo el día.

Tras meses de conversaciones, primero sobre sus aficiones y más adelante sobre sus vidas, llegó el ansiado día iban a coincidir en una carrera y después con un grupo de deportistas ser irían a comer juntos. Nada más verse sincronizaron sus miradas y discretamente se saludaron con un par de besos. Aquel día lo vivieron intensamente y lo recordaran durante mucho tiempo.

Ya llevaban 6 meses hablando a diario, Carmelo decidió confesarle a Elisa que se sentía muy a gusto hablando con ella y atraído por ella. Pasaron un par de meses de conversaciones cada vez más cariñosas, Carmelo le contaba sus problemas en casa, él era feliz con su hija y que era lo que más quería en el mundo, pero con la madre de su hija no conseguía volver a conectar como años atrás.

Un día decidieron que se verían, Elisa le dijo que aquella tarde estaría sola en la tienda en la que trabajaba y que podrían pasar un rato allí sin que nadie sospechara nada, así hicieron. Él salió de trabajar un par de horas antes, diciendo que iba al médico y se fue directo a verla, estaba muy nervioso, el estomago le temblaba,  no era capaz de pensar en otra cosa que en como sería estar a solas con ella, no pensó en las consecuencias de aquella quedada. Pasaron toda la tarde hablando, se acariciaron, se abrazaron y todo fue encantador, ambos solo pensaban en el otro, las miradas se cruzaban, los corazones palpitaban en sus pechos como si fuesen a escapar. Llegó el momento de la despedida, la tienda tenía que cerrar y ambos volver a sus respectivas situaciones y casas. Se fundieron en un abrazo eterno, no querían separarse, Elisa se decidió y beso en la boca a Carmelo, él medio asustado se separó, se despidió y se fue a casa.

No podía creer como había reaccionado, estaba destrozado y avergonzado por su reacción, parecía que huía, siempre recordará aquellos labios dulces y suaves, pero en el momento en el que Elisa puso sus labios sobre los suyos, en aquel instante que podía haber sido único, sólo vio la cara de su hija.





Sobre mis pies

Sentado sobre mis pies, observando mi entrono, mirando más allá, no todo está al frente, la vida no se para en un solo punto,  a nuestro alrededor suceden cosas maravillosas, solo tenemos que parar unos segundos y fijarnos para apreciar la belleza que allí reside.

Manta peluda de color ocre, flores solitarias en la cuneta de la carretera, espejos tranquilos en los que se reflejan gigantes con melenas al viento, aves inertes nadan por doquier, montañas exuberantes, brisas relajantes o silencio acogedor.

Aquí está todo por hacer, todo funciona en sincronía perfecta, la toxicidad y la furia quedaron atrás.

No podemos dejar escapar lo más esencial, no hay nada más importante que disfrutar de cada instante, estoy sentado sobre mis pies.

Abrazos no dados

Hace tiempo que te fuiste, cada vez que pienso en ti siento alegría y tristeza por tu partir, ya se que no tenias más alternativa, aún así sigue doliendo.

Me quedé con la sensación de no haber aprovechado al máximo el tiempo junto a ti, tal vez la juventud, la inexperiencia o la ingenuidad hicieron que no apreciara todo lo que tenías que ofrecer, me hubiera gustado aprender más de tu buen hacer.

Te prometo una cosa, no me volveré a quedar con esa sensación en mi estomago:

  • nunca dejaré abrazos y besos No dados
  • caricias No sentidas, 
  • palabras No dichas, 
  • preguntas No realizadas 
  • y cosas por hacer.


Nunca te olvidaré.



Pollo en Salsa

Berta estaba en la cocina, con su delantal blanco con adornos florales que le regaló su cuñada, colgado del cuello.

La olla en el fuego, el pollo en salsa casi listo, lo había preparado con una base de verduras pochadas, un toque de brandy, tomillo, ajo y romero, los aromas de aquel guiso invadían toda la estancia.

Mientras cocina es feliz, delante de aquellos fogones puede evadirse de todos los problemas del día a día. Tiene un ritual ,  se sirve una copa de vino blanco bien fresco y  se pone el delantal mientras saborea el primero trago de aquel caldo dorado.

Mario llega a casa el olor de aquel pollo en salsa le trasladaba a épocas pasadas cuando su abuela lo cocinaba en aquella gran cocina con la chimenea encendida al fondo.

Entra en la cocina y sorprende a Berta con una palmada en el trasero, la abraza por la cintura y le besa la mejilla, ella se gira con los ojos fijos en él y le besa como si hiciera un mes que no se han visto, tan solo han pasado 8 horas desde que la dejó durmiendo.

Mario la abraza, mientras los vapores olorosos llegan a su nariz, con un brazo sujeta a su mujer, con el otro intenta alcanzar la olla con sus dedos, necesita probar aquella maravilla. Ella se da cuenta de dicha maniobra y como un autoreflejo y a la velocidad del rayo evita que aquel dedo gordo llegue la salsa marrón, zas cachete en el antebrazo.

Berta prepara la mesa, Mario se acerca a aquel equipo de música pone una de sus canciones preferidas, Haven't met you yet de Michael Buble, le gusta comer con música de fondo.

Se sientan en la mesa y comentan como han transcurrido sus días. Mario entre bocado y bocado, no para de mojar pan en la salsa, en uno de esos momentos, los dedos se hunden el mojo, sin dudarlo

Mario dirige sus dedos hacia su boca, pero Berta lo para y suavemente sujeta la mano y la introduce en su boca.


El postre está servido.